En comunicación con Eldópolis Red, la docente Gabriela —maestra de la Escuela 267 Santa María del Iguazú y quien acompañó a la niña en cuarto grado, cuando tenía apenas 10 años, y nuevamente este año— reconstruyó desde su vínculo afectivo y pedagógico los últimos días de Gabriela Benítez, la pequeña de 12 años de Colonia Victoria que falleció el último domingo tras semanas de agonía. Su testimonio, una de las voces más cercanas a la menor, aporta detalles estremecedores sobre las charlas que mantuvieron en el hospital y sobre lo que la niña reveló en esas conversaciones que hoy resultan claves para la causa.
“Gabriela fue una niña introvertida, le costaba mucho expresarse”, recordó su maestra. Aun así, participaba en actividades escolares y mantenía siempre un pequeño círculo de amigas. La docente la describe con una mezcla de cariño y dolor: “La recuerdo con esa mirada dulce, con esa mirada tierna, con amor”.
El 5 de octubre, cuando se conoció que la niña había sido hospitalizada, la docente fue contactada por el hombre que se presentó como tutor y luego se identificó como padrastro. Según su relato, él la encontró “colgada de una sábana atada a la cucheta” y la desató antes de pedir ayuda. Fue en ese primer encuentro cuando la maestra —todavía ajena a la historia de abuso— terminó creyendo su versión por la forma en que él se mostró ante ella: “Lloramos juntos porque él estaba mal, se lo veía muy mal”, contó. “En ese momento sí le creí, porque yo desconocía toda la historia que ella venía cargando”. Ese detalle, revelado ahora, muestra la manipulación emocional que el hombre ejercía incluso sobre personas del entorno escolar.
Cuando Gabriela —la niña— salió de terapia intensiva, la docente la visitó durante una tarde entera. En esa conversación, la menor expresó por primera vez lo que venía soportando: “Hasta los cinco años yo era feliz”, le dijo. Vivía con su abuela materna. Luego, cuando se mudó con su madre, comenzaron “sus pesadillas”. Con palabras frágiles pero claras, aseguró que “esta persona… le hacía cosas feas y que abusaba de ella”.
Ese testimonio coincidió con el de otra alumna, quien días antes se había acercado a la docente con un mensaje estremecedor. “Ella sabía cosas de Gabriela”, relató la maestra. La compañerita le dijo que la niña sufría abuso y que “prefería morirse antes de seguir siendo abusada”. A esa confesión se sumaron capturas de pantalla que reforzaban la gravedad del relato. Con esa información, la maestra y la directora acudieron a la comisaría para realizar la denuncia.
Pero lo que más impactó a la docente fue enterarse de que la propia niña había intentado pedir ayuda en su entorno sin obtener respuesta. “Ella contó que habló con otras personas también y esas personas tampoco hicieron nada, no la escucharon”, afirmó que en su vínculo directo “la trataron de mentirosa”.
La docente también confirmó que, según testimonios de otras personas que la acompañaban en el hospital, la madre habría llegado a decirle a la menor: “Por tu culpa, mi pareja está presa”.
En la charla con Eldópolis, la maestra no ocultó que tiene dudas respecto a la versión del intento de suicidio. “Tengo mis dudas”, dijo. “Es medio ilógico… medio raro de que una nena se cuelgue y la familia no haya escuchado nada”. Para explicarlo, recordó un episodio familiar similar que terminó con su sobrino colgado de un cable, pero que fue detectado por sus abuelos gracias al ruido, los golpes y los pedidos desesperados de ayuda. “Por eso digo que me parece rarísimo”, insistió.
Más allá de la conmoción, Gabriela sostiene que actuó como debía hacerlo: escuchando a sus alumnas, acompañando y denunciando. Y remarcó algo que le dijo a la niña en una de sus últimas charlas: “Yo te dije que esto se va a hacer justicia”. Luego, aclaró: “En ningún momento yo denuncié a ninguna persona. Yo denuncié un dicho que me manifestó una alumna, y a raíz de eso se empezó con la investigación. Hoy por hoy hay un detenido, hay investigaciones, exámenes, pericias, declaraciones”.
Antes de finalizar, la docente dejó un mensaje dirigido a los adultos. “Cuando un hijo se siente mal, se encierra. No es porque le gusta estar encerrado. Algo le está pasando”, advirtió. “Hay que escucharlos, contenerlos y pedir ayuda profesional. Una ayuda a tiempo puede prevenir que tomen malas decisiones”.
La voz de la maestra, la mujer que acompañó a Gabriela en sus últimos días, queda ahora como uno de los testimonios más significativos del caso. Su compromiso sigue firme: “Voy a seguir pidiendo justicia”.


